¿Te imaginas llegar a un punto en tu vida donde funcionas obedeciendo una fuerza más poderosa que tu? Casi magnética, cuya peligrosidad radica en que te hace sentir cómodo de manera que te obliga sutilmente a cumplir con las cosas sin preguntas ni quejas, o al menos no muchas.

Imagina terminar teniendo una vida que no te gusta. laborando en el único trabajo que encontraste o que te tocó tener, soportar quedarte solo con la ropa que tienes sin oportunidad de poder comprar más, acostumbrado a cumplir con una molesta rutina establecida y cuadrada, enfermándote a cada rato de lo mismo, ignorando lo que tu cuerpo o mente te piden, acostumbrado a sentirte siempre de tal manera, a convivir con cierto tipo de personas y en el mejor de los casos con una pareja que aunque ya no la quieres pues ahí está, o totalmente amargado, peleado con el amor en el caso más lamentable…

Lo que quiero decir es: imagínate que un día termines enfrentando la vida; dejándote llevar por lo que venga, convirtiéndote en alguien gris y con la sensación de que la vida es un mar incontrolable pero cómodo perpetuando esa forma de vida.

Ahí, justo en ese punto eres el alma experimentando la soledad más extrema del universo, no por que esté mal sentirte así, sino que: al ignorar lo que quieres, anhelas necesitas o deseas, te ignoras a tí.

Estás perdiéndote a ti mismo, desconectandote de tu ser y además anulándote. En ese momento te encuentras justo en el lugar opuesto a donde deseas estar. Sin compañía. Ni quiera la tuya misma por que no te escuchas.

Eres la peor víctima de todas cuando, además de soportar lo peor te sometes a ti mismo al permitirte seguir experimentando cualquier grado de incomodad en tu vida. Vivir así se siente como si estuvieras a punto de quedarte dormido, moviéndote suave, muy sedado, pero cumpliendo al fin para que los demás vean que sigues funcionando.

Casi un robot: sin consciencia de ti.

Eres la persona más sola en el mundo cuando algo en tu vida no te gusta y no haces nada al respecto porque dejas de escucharte, te abandonas.

Para cambiar el rumbo de tu vida primero debes darte cuenta de en donde te encuentras parado, cómo terminaste así, qué estas cargando, qué te sirve y que no. Es hacer con tu vida el tipico manoseo en tus bolsillos para ver si traes el celular. Ver qué te falta, que no es tuyo, qué va en la basura, y de esta manera, consciente de quién eres, qué quieres y a donde vas: encontrar el camino.

El día que decides viajar contigo el mar violento deja de parecerlo y al explorarlo te das cuenta de que es fácil aprender a nadar y conviertes el agua agitada en caminos que pueden llevarte a donde desees.

Próxima entrada:
II – Creando el estado de presencia.

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